Biblioteca Popular José A. Guisasola





El hombre viajaba desde la ciudad de San Salvador hacia Libertador. Había tomado un camino desierto que atraviesa el largo bosque de eucaliptos. Su auto era viejo y la rueda de auxilio estaba pinchada. Pensó que tendría que hacerla arreglar sin falta en la ciudad y se estremeció.

El sol estaba ocultándose, pero todavía algunos rayos se filtraban entre los troncos. El hombre apretó levemente el acelerador. Empezaba a sentir un poco de miedo. Se dio cuenta de que en pocos quilómetros más estaría llegando a la cuesta y se acordó de tres conocidos suyos que se habían desbarrancado en una curva. Palpó el bolsillo de su camisa; sacó el paquete de cigarrillos y se le cayeron unos cuantos. Consiguió recuperar algunos del piso. Buscó en el asiento, entre sus piernas y encontró los restantes. Se metió uno en la boca, lo mordió y miró el bosque. Ya casi había oscurecido por completo: solo se veían charcos de luz brumosa al pie de los árboles. El motor del auto tartamudeó avisándole que empezaba a subir la cuesta. El hombre puso la tercera, después estiró la mano hacia el tablero y buscó el encendedor. Prendió el cigarrillo. Al guardar el encendedor le pareció notar algo distinto a su costado. Miró el tablero, estiró el cuello para relajarse, observó la palanca de cambios y sus ojos bajaron. Del asiento contiguo colgaban dos pies.

Al hombre se le pararon los pelos de la cabeza por el terror. Había dos pies gorditos y pequeños, que apenas rozaban la alfombra de goma y se balanceaban alternados hacia adelante y hacia atrás. Estaban calzados en ojotas de cuero y medias de lana. Unos pantalones de barragán cubrían las piernas.

Recordó otra vez a los amigos que se habían accidentado y prefirió no contemplar a su acompañante. Trató de mantener la calma, clavando la mirada al frente, atento a no desbarrancarse. Ni él ni el duende dijeron nada. Pasaron la curva a mediana velocidad, sin contratiempos.


Al cabo de trecientos o cuatrocientos metros, el hombre echó una ojeada al asiento de al lado, como un rápido pellizco, y le pareció ver que los pies ya no estaban allí. Volvió la mirada y comprobó que no había nadie. Decidió estacionarse en la banquina para reponerse del susto. Los frenos chirriaron. El hombre quedó por unos instantes apoyado en el volante, jadeando. Luego prendió la luz interior; se dio vuelta, revisó el asiento de atrás. Otra vez el de adelante. Nada. Solo encontró al costado uno de los cigarrillos que se le habían caído antes. Estaba aplastado, como si alguien se hubiera sentado encima.



© Jorge Accame
Ilustraciones: Mónica Pironio



En: Leer x leer 3, lecturas para compartir en voz alta. PAG. 88/89
Buenos Aires, Plan Nacional de Lecturas
Ministerio de Educación, 2021.

Plan Nacional de Lecturas te invita a leer en voz alta todos los días en las aulas del tercer ciclo de primaria, para eso se publica este tomo compuesto por textos especialmente seleccionados por expertos para hacer de esta práctica un momento significativo cotidiano. Antología literaria de varios autores. (PDF)

Jorge Accame
Jorge Accame es un escritor y dramaturgo, reconocido tanto por sus obras de teatro como por sus cuentos y novelas para niños y jóvenes. Entre sus muchas obras: Venecia, ¿Quién pidió un vaso de agua?, Ángeles y diablos y Los meteoritos odiaban a los dinosaurios.


El cuento "La curva del duende" de Jorge Accame forma parte del libro titulado "El puente del diablo", publicado originalmente por Editorial Sudamericana en 1997. Esta obra integra la colección Cuentamérica, dedicada a rescatar mitos y tradiciones del noroeste argentino.


Edad sugerida: A partir de los 10 años

ÍNDICE
Para acercarnos 7
Horacito 9
El puente del diablo 21
Instrucciones para descubrir una bruja 25
La curva del duende 31
Coquena 35
El familiar 41
El desbravador de mulas 53
Sobre estas historias 59

Descripción
"Un vecino mío sale por la noche a pegar cintarazos al aire para que el duende que vive en el horno de su patio no moleste a la familia. Un cazador amigo fue amonestado severamente por Coquena en el altiplano. Un maestro, cuando era chico, escucho alaridos en el monte; fue a investigar y hallo a Ucamar colgando de la rama de un árbol, cabeza abajo, como una fruta."



“La lectura abre las puertas del mundo que te atreves a imaginar"

"Argentina crece leyendo"


Selección y curaduría: Analía Alvado

Proyecto asociado a «Garabatos»

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